Semana Santa de Villarrobledo | Holy Week in Villarrobledo | Semaine Sainte à Villarrobledo

Quién diría que podemos encontrar referencias a la Semana Santa manchega de la época tardorrenacentista incluso en obras literarias tan destacadas como el Quijote. Lo hacemos en la parte I (Episodio XII) en el que Cervantes narra la aventura del hidalgo sorprendido por una estación de penitencia en medio del camino y, de repente, por “un triste son de una trompeta que a lo lejos se oía” . Un sonido que anunciaba la llegada de una imagen con un grupo de nazarenos pues “resultó ser la trompeta de unos disciplinantes que iban en procesión...”

La aventura se sucedió a continuación: “Don Quijote, que vio los extraños trajes de los disciplinantes [...] se imaginó que era cosa de aventura [...] y confirmóle más esta imaginación pensar que una imagen que traían cubierta de luto fuese alguna principal señora que llevaban por fuerza […]. Una señora de luto que iconográficamente no puede ser otra que una virgen de la familia de la Soledad, (Angustias-Dolorosa) “esa hermosa señora, cuyas lágrimas y triste semblante dan claras muestras de que la lleváis contra su voluntad”, dijo a los portadores, y la que finalmente Don Quijote decide liberar arremetiendo contra la procesión y organizando un tumulto.


La aventura acaba mal para él, pues en última instancia el caballero es repelido por uno de los portadores de las andas quien, con una de las horquillas en las que se apoya el paso en el descanso, golpea al hidalgo. En cualquier caso, lo importante es que estamos ante una de las primeras descripciones de lo que sería una estación de penitencia primitiva, en este caso muy mezclada con un modelo de rogativa. Esta acción se produce descontextualizada de las fechas de Semana Santa y no, como cabría pensarse, en un recorrido urbano la noche de Viernes Santo.


Para saber algo más sobre este tipo de cofradías por suerte podemos rastrear en documentos, como los primeros que encontramos sobre la virgen de la Soledad de la parroquia de Santa María de Villarrobledo en el Archivo Histórico Diocesano De Toledo (“Traslado de las ordenanzas de la Cofradía de la Soledad de Villarrobledo” 1571. Leg 49. Alb-1. Página 165). En ellos se habla de una cofradía similar a la quijotesca que por entonces ha alcanzado un nivel organizativo y un tamaño notable. El texto de este documento señala en su preámbulo como ya en la década anterior (años 60 del XVI) se redactaron algunas constituciones “a la saçon que se ordenaron los dichos capitulos y cofradia avia como cinquenta cofrades” . Sólo unos años más tarde... “al presente, a crescido su número a mas de seiscientos”. Es decir que en desde 1560 aproximadamente a 1571 ha pasado la cofradía de tener cincuenta a tener seiscientos hermanos.


Para quien quiera comprender el tamaño cabe decir que sólo en el siglo XX las cofradías locales han vuelto a alcanzar ese número y que es justo en la segunda mitad de siglo XVI cuando se produce el boom de este tipo de organizaciones y el nacimiento de la Semana Santa barroca. Esta cofradía de Villarrobledo es más urbana y ya hacía sus recorridos desde la ermita de la soledad hasta la parroquia de Santa María, convento del Escorial y probablemente Santa Ana, uniendo ambas ermitas, aunque los itinerarios no son del todo conocidos. Cabe añadir el detalle de que las ambas ermitas en el siglo XVI se encontraban extramuros de la población, aunque ahora se encuentren desbordadas por el casco urbano. Es decir las procesiones de la virgen en el siglo XVI tenían todavía en La Mancha un componente mixto urbano-rural y, en el calendario, lo mismo que salían en Semana Santa, podían hacerlo en el mes de mayo o en cualquier momento que se quisiera hacer una rogativa. Digo el mes de mayo puesto que se sabe con seguridad que todas las cofradías de la familia de la Vera-Cruz, que son las más primitivas, (Vera Cruz, Sangre de Cristo o, en Villarrobledo, supuestamente Cristo de la Salud) hacían originalmente la penitencia el día de la Cruz de Mayo.


El caso es que a finales del XVI las estaciones de penitencia todavía no están tan definidas como cabría pensar y sólo las grandes villas, como es la nuestra, empiezan a desarrollar circuitos urbanos en la madrugada de Viernes Santo, dándole el actual sentido a la celebración. Lo que sí se repite hasta el siglo XVIII es el mismo tipo de penitencia a través de la autoflagelación de los hermanos en un fenómeno íntimamente ligado a los disciplinantes de los que hablara Cervantes. Éstos eran nazarenos que acompañaban a la imagen golpeando con cilicios su espalda. A ellos se sumaban los“hermanos de luz”, que iban alumbrando el camino con velas cuando era una procesión nocturna.


Pero el siglo XVI todavía es un siglo de contrastes y la idea que podemos extraer es que se trataba de unas procesiones a medio camino entre la estación de penitencia y la rogativa y que sólo adentrado el XVII se van definiendo como las conocemos ahora. Eso sí, con la diferencia de que en las actuales ya no hay disciplinantes, ya que esta costumbre fue abolida en tiempos de Carlos III. En definitiva, un interesante acercamiento para intentar saber como eran las procesiones primitivas.