Generar e imprimir PDFPDF

Molinos de Viento: los colosos de La Mancha

Ilustración de Ricardo Balaca para la edición de Don Quixote anotada por Nicolás Díaz de Benjumea (1880- 1883) Ilustración de Ricardo Balaca para la edición de Don Quixote anotada por Nicolás Díaz de Benjumea (1880- 1883)

Si hablamos de Molinos de Viento de La Mancha, es inevitable que al viajero le venga a la memoria la consabida estampa de Don Quijote luchando contra imaginarios gigantes, en pueblos como Consuegra, Mota del Cuervo o, sobre todo, Campo de Criptana, de las provincias de Toledo, Cuenca y Ciudad Real respectivamente. Sin embargo, hubo otra localidad manchega, en la provincia de Albacete, que también tuvo tantos o más que aquéllas, según quedó reflejado, incluso, en libros alemanes o franceses del s. XIX y principios del XX. ¿Quiere saber de cuál se trata?

Pues no sufra más: fue Villarrobledo. Y si esto fuera literatura barroca, y el que suscribe Quevedo, redondearíamos la frase añadiendo: "y hoy no queda ni uno", en alusión implícita a temas literarios clásicos como el de tempus fugit y el de memento mori. Podríamos hacerlo si no fuera por una pequeña salvedad: eso no es del todo cierto, como descubrirán si se quedan hasta el final del artículo.

Referencias historiográficas sobre los Molinos de Viento de Villarrobledo

Molinos de Viento de Villarrobledo- Principios del s. XXComenzamos por 1889, cuando Jesualdo Morcillo y Valero, en el apartado dedicado a Industria y Comercio de su Informe para la Historia de Villarrobledo, cita, a esa fecha, la existencia de 12 molinos harineros de viento frente a sólo 4 de agua, dentro de la -aún entonces- villa. Es la referencia a un mayor número de ingenios eólicos que hemos encontrado, aunque hoy en día han quedado más restos de los de agua que de los de viento. En ese sentido, gracias al catálogo elaborado por Federico José García Mariana, que estudió sus vestigios, sabemos que los ingenios hidráulicos del río Córcoles fueron 16, como mínimo, dispersos por los términos de Villarrobledo, principalmente, aunque también en los de El Bonillo y Munera. No obstante, debemos puntualizar la existencia de uno más, el Molino del Duende, que no está recogido en dicho artículo. Así se lo hicimos notar al autor en su día y éste nos confirmó que, muy poco después de cerrar su catálogo para el V Congreso Internacional de Molinología, tuvo noticia de los restos del mencionado molino y ya le fue imposible incluirlo.

Volviendo a los molinos de viento, advertimos como, con el tiempo, va decreciendo incluso el recuerdo de su número. José Gil Montero, en el periódico ABC de 23 de abril de 1958, habla ya de 8 molinos trabajando hasta "hace poco tiempo", mientras que Agustín Sandoval menciona, en 1961, la existencia de sólo 5 o 6, a principios del s. XX, en su Historia de mi Pveblo. Dos de ellos son los de la fotografía incluida arriba, de fecha y autor desconocidos, reproducida en la obra del historiador villarrobletano que, para la década de los 60, ya afirma:

Aún quedan tristes ruinas de los que un día voltearon sus aspas, citando a Alonso Quijano. El pueblo ha crecido tanto por sus barrios del Norte que ha llegado a encerrarlas dentro de sus calles"

Esa declaración coincide con la de algunas personas mayores que, aún hoy, recuerdan que los paerazos del último molino fueron visibles hasta las décadas de 1950 y 1960, en la zona donde hoy está la urbanización Nueva Villa, y supusieron un sitio habitual para sus juegos cuando eran pequeños. Pero mucho más revelador es otro testimonio inédito, gracias al cual conocimos que el último molino de viento de Villarrobledo dejó de moler en los años previos a la Guerra Civil Española (1936- 1939), posiblemente hacia 1934. También sabemos que uno de sus dueños y últimos molineros villarrobletanos, Pedro Vicente Plaza Parra, tenía intención de volver a ponerlo en marcha, una vez pasada la contienda en la que tuvo que participar. Y lo sabemos porque, a la sazón, Pedro Plaza fue nuestro abuelo paterno y, en su día, así nos lo hizo saber. No pudo cumplirse esa aspiración, por diversas vicisitudes que ya no vienen al caso, y, como su sueño, "de viento eran y en el viento se disiparon" los últimos molinos, como afirmó Agustín Sandoval. Parecido fin -la condena a la ruina- tuvo el Molino del Duende, que había dejado de moler mucho antes y también fue propiedad de la familia, aunque de él, sí hayan quedado restos.

Grabado de la obra Vida de la Venerable Sierva de Dios maria de Jesus, natural de Villa-Robledo- 1675Pero no son éstas las únicas reseñas que encontramos, ni las más antiguas. Buceando en textos historiográficos anteriores encontramos que, en 1751, el padre Francisco de la Cavallería (sic), en su Historia de la Muy Noble y Leal Villa de Villa-Robledo, no hace referencia a molino alguno en la villa, ni de agua ni de viento. Esto podría hacer pensar que los artefactos citados fueron erigidos en época posterior, aun teniendo en cuenta las enormes lagunas que, sobre ciertos aspectos históricos, tiene la obra de este autor, en comparación con lo innecesariamente prolijo que es describiendo otros. Agustín Sandoval parece darle la razón puesto que recoge tres peticiones (de 1751, 1755 y 1758) para construir otros tantos molinos de viento en El Quebrado, la Vereda de San Antón y el Camino de Alcaraz. En la primera de las solicitudes se afirma que no había entonces más molinos que los de agua, a siete leguas del pueblo, y que sería beneficioso para el vecindario al no resultar tan costoso llevar los granos a moler. Sobre el molino de 1755, Sandoval afirma que hubo de ser abandonado posteriormente porque el viento entraba con tal fuerza que levantaba la cubierta con frecuencia.

Por su parte, el predecesor de Cavallería, el doctor Blas Franco, en 1675, en el apartado de historia local de su Vida de la Venerable Sierva de Dios María de Jesús, natural de Villa-Robledo, tampoco cita los molinos de viento aunque sí, muy de pasada, los de agua: "el mayor beneficio que tienen de dichos rios [Córcoles y Záncara], assi los vezinos de dicha Villa, como los circunvezinos, es el de algunos molinos que ay en sus riberas, y de algun pasto en ella para sus ganados". En cambio, como ya notó también Sandoval, en el libro de este autor encontramos algo mucho más llamativo, según se puede ver en la ilustración de arriba: la representación gráfica más antigua de dos molinos de viento en Villarrobledo. Por la situación de los aparatos representados, respecto del casco urbano y de la desaparecida cruz de término que hubo en el camino antiguo de Socuéllamos, tan bien descrita por el propio Blas Franco, creemos que estos ejemplares estaban en la misma ubicación que otros habían tenido: nuestro particular cerro molinero, tras la ermita de la Virgen de la Caridad, como, por otro lado, es lógico por las condiciones eólicas y de altura.

Referencias literarias sobre los Molinos de Viento de Villarrobledo

Durante los siglos XVII- XX, se produjo cierto auge de esta temática y España despertó curiosidad como destino exótico, especialmente entre los viajeros europeos que dejaron constancia de su paso en una abundante producción literaria que, en no pocos casos, incluía pasajes por La Mancha, en general, y por Villarrobledo, en particular.Corría el año de 1902 y el farmacéutico francés M. Honoré Gascon dedicó dos semanas a recorrer España, recogiendo sus vivencias en un artículo que fue publicado en el tomo XIX de las Memorias de la Sociedad Borgoñona de Geografía e Historia. Indudablemente la llamada literatura de viajes no era algo nuevo, para entonces, y menos aún si, como hacen ciertos expertos, se considera que el viaje constituye algo íntimamente literario y es un tópico usual de epopeyas como la Odisea o la Eneida. Jornadas épicas aparte, lo cierto es que, durante los siglos XVII- XX, se produjo cierto auge de esta temática y España despertó curiosidad como destino exótico, especialmente entre los viajeros europeos que dejaron constancia de su paso en una abundante producción literaria que, en no pocos casos, incluía pasajes por La Mancha, en general, y por Villarrobledo, en particular. Precisamente sobre esta ciudad, el mencionado farmacéutico nos dejó una descripción muy interesante:

C'est à Villarrobledo que l'on commence à rencontrer en grand nombre les fameux moulins à vent que Cervantes fait figurer dans son Don Quichotte. Beaucoup sont à moitié démolis ; je me suis amusé à compter ceux qui sont encore en activité dans les pueblos situés à proximité de la voie. A Villarrobledo, j'en photographie un spécimen qui se dresse à côté de la gare, à environ 60 mètres de la voie, à gauche"

Frente a la actual imagen común de La Mancha, a principios del s. XX es precisamente en Villarrobledo donde el viajero comienza a encontrar, en gran número, los famosos molinos que evocan las estampas quijotescas. Además, Gascon indica que inmortalizó con su cámara un ejemplar que se situaba cerca de la estación, a unos 60 metros a la izquierda de la vía, según la dirección que llevaba. Y sabemos que iba hacia Madrid, puesto que ya se había detenido y descrito el entorno de otra de las estaciones villarrobletanas, Matas Verdes, donde comparó el tono rojizo de sus tierras con las de El Sahel argelino. Teniendo en cuenta el año de la descripción, para ubicar el enigmático molino, hay que puntualizar que la estación a la que se refiere es la antigua (la nueva es de 1924), ubicada al final de la calle homónima, enfrente de la zona en la que luego estuvo la clínica San Carlos, del dr. Gayarre, y la fábrica Metalplas, enmarcada por un pequeño callejón llamado travesía de la Estación y una calle, hoy sin salida y con un muro sobre la vía, llamada del Molino Nuevo, como no podía ser de otra manera.

Molino de Viento Manchego- Villarrobledo 1935Así pues, gracias a la indicación del autor francés y a la elocuente terminología del callejero, podemos intuir que ese molino movía sus aspas hacia el final de la calle de la Laguna, donde existe hoy un taller mecánico y hay restos de una bodega antigua, frente a un cebadal y hacia donde apuntaba la prolongación de la calle del Molino Nuevo, en tiempos en que no estuviera cortada. No sabemos cuánto sería de "nuevo" aquel artilugio, a inicios del siglo XX, pero sí que, a renglón seguido, el viajero describe, en los muelles de carga, los trenes cargados con las enormes tinajas exclusivas de esta ciudad, y que junto a Don Quijote y los molinos, completan su particular abanico de grandes tópicos, hoy totalmente desaparecidos... Quizá la imagen fue similar a la que capturó, años después en 1935, el célebre fotógrafo albaceteño Luis Escobar de uno de los molinos villarrobledenses y que reproducimos justo arriba.

Si jugosa e ilustrativa es la postal típica manchega que describe el francés Honoré Gascon, mucho más llamativo es el auténtico cuadro de España de charanga y pandereta, que inmortalizó el escritor Friedrich Hacklandër a su paso por Villarrobledo. Ateniéndonos a su descripción, si se nos permite el chiste, en 1855 ya encontramos los más antiguos precedentes, en una fonda tradicional del corazón manchego, de lo que hoy son las actividades de animación hoteleras para regocijo de turistas extranjeros, al más puro estilo Benidorm, con cuadro artístico musical flamenco incluido. En otra ocasión dedicaremos más tiempo a analizar, con mayor detalle, la peculiar estancia del alemán en la villa de los robles. Ahora nos detendremos justo cuando describe su marcha del pueblo y recoge otra arraigada tradición de la que también ha participado esta localidad: la inveterada -y, asumámoslo, estúpida- costumbre de todos los pueblos manchegos por disputarse el hecho de ser el lugar de La Mancha...

Die Windmühlen waren allerdings da, schienen aber gegen die Behauptung des Wirthes zu sprechen, denn Don Quixote ritt zwei Tage, ehe er das Abenteuer mit denselben bestand. Mir wären sie ebenfalls fast verderblich geworden; denn als wir ziemlich nahe an einer derselben vorbei ritten, wurde mein Maulthier, wahrscheinlich durch das Sausen des Flügels, erschreckt und machte einen Seitensprung, der mich um ein Haar vollständig aus meinem Sitz gebracht hätte"

Es decir: los famosos molinos de viento quijotescos podían ser los que estaban, indudablemente, allí. Pero si aquéllos eran los citados por Cervantes, la pretensión villarrobletana de ser el lugar se venía al traste, como muy agudamente advierte Hacklandër, ya que el Caballero de la Triste Figura tarda sendos días en llegar a ellos desde su aldea... Por muy empinadas que estén las calles que suben al Barrio de los Tinajeros (aunque entonces lo estuvieran más, puesto que hoy ya se han suavizado) difícilmente se tardaba dos días en ir desde el centro hasta allí. Que cada cual saque sus conclusiones. Lo gracioso del caso es que, como ocurrió en la ficción con el caballero manchego, la particular aventura de los molinos de viento vilarrobledenses pudo acabar en desgracia para el escritor, ya que la mula que montaba, al pasar junto a las aspas, se asustó por el silbido que hacían y casi acaba descalabrado por una de ellas.

En resumen, como vemos en ambos casos de extranjeros viajando por España, la evocación del Quijote a través de los Molinos de Viento manchegos, fue automática y se produjo en Villarrobledo. Paradójicamente, ya pocas personas podrían hacerlo puesto que hoy no queda ni uno...

Pues vaya, al final hemos caído en nuestra propia trampa... ¿Recuerda lo que escribimos al principio? No es cierto que no quede ni uno, puesto que, de hecho, hay dos ejemplares. Uno es de titularidad pública y está en la entrada a Villarrobledo, por el polígono industrial de Sapres. En él se trató de recrear un genuino molino de viento manchego, utilizando la maquinaria original recuperada de otro antiguo. Hoy en día no está habilitado aunque esperemos que, muy pronto, pueda volver a ser puesto en orden de visita. El otro está en el paraje de La Jaraba y pertenece a una bodega particular. Es visitable y en él se ha recreado, con materiales nuevos y un altísimo nivel de detalle, un auténtico molino. El resultado es ciertamente llamativo, como se puede ver en la galería que adjuntamos, cuyas imágenes originales (agregadas por Fernando Santos y Pepi González Galera a un grupo en Facebook de amigos de la Historia de Villarrobledo) nos han autorizado a reproducir aquí.

Así que, cuando se vuelva a hablar de molinos manchegos, recuerde que Villarrobledo también fue tierra de gigantes y, como tal, así quedó reflejada en la historia.

BIBLIOGRAFÍA:
CAVALLERÍA y PORTILLO, F. de la (1751): Historia de la Muy Noble y Leal Villa de Villa-Robledo. Madrid, Viuda de Manuel Fernández.
FRANCO FERNÁNDEZ, B. (1675): Vida de la Venerable Sierva de Dios Maria de Iesvs, Natvral de Villarrobledo. Madrid, Ed. Joseph Fernández de Buendía.
GARCÍA MARIANA, F.J. (2005): "Patrimonio Histórico Hidráulico de la Cuenca del Río Córcoles. Villarrobledo, Munera, El Bonillo (La Mancha, España)" en Actas del V Congreso Internacional de Molinología de Alcázar de San Juan. Inédito.
GASCON, M.H. (1903): "Deux Semaines en Espagne" en Memories de la Societe Bourguignonne de geographie et d'histoire, tomo XIX, pp. 177- 240. Dijon, Imprimerie Darantiere.
GIL MONTERO, J. (1958): "La Prosa de los Molinos de Viento" en ABC, 23 de Abril, p. 15. Madrid, Prensa Nacional.
HACKLÄNDER, F.W. (1855): Ein Winter in Spanien. Stuttgart, Adolph Krabbe.
MORCILLO y VALERO, J. (1889): Informe para la Historia de Villarrobledo. Guadalajara, Ed. Antero Concha.
SANDOVAL MULLERAS, A. (1961): Historia de mi Pveblo. Albacete, Imp. Fuentes.

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.