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El Viña Rock, la excusa perfecta

Nos acercamos a una nueva edición del festival de arte nativo Viña Rock, la correspondiente a 2016. En total, 21 años de festivales que se han ido sucediendo uno tras otros haciendo pasar a muchos, cientos de miles de personas, desde la edad juvenil a la adulta. La importancia del festival ha trascendido la propia conformación del cartel y la cita se ha convertido en una tradición por la que viejos amigos se reencuentran y por la que los jóvenes de todos los puntos de España dan en reunirse para intercambiar sus diferentes sensibilidades, para lo que la música es siempre una excelente excusa.

 

Pero hay mucho más, las actividades paralelas, los monólogos, el Viña Grow y, al fin y al cabo, el ambiente del Viña es la mejor ocasión ideal para compartir esta "gran quedada" en la que se ha convertido el festival que abre los grandes eventos de este tipo desarrollados en todo el estado. De hecho, a sumar a los asistentes a los conciertos, hay que contar a aquellos que sólo participan del ambiente externo y que conviven con los villarrobledenses durante unos días a finales de abril o principios de mayo. Dada esta solidez cabe la pena preguntarse ¿queda algo por hacer en el festival? La respuesta es sí, no podemos dormirnos en los laureles.

Desde Laminitania nos hemos planteado cómo ayudar a engrandecer y solidificar todavía más la grandeza del festival, sobre todo aplicando conceptos de fidelización. Como empresa afincada en Villarrobledo creemos que durante mucho tiempo la ciudad ha vivido un poco de espaldas al festival y viceversa. La capacidad potencial de promoción de la ciudad no ha sido explotada adecuadamente pues también como evento turístico es digna de tener en cuenta. La mayoría de los asistentes pasan por el Viña y se van sin conocer demasiado sobre Villarrobledo, algo que hay que cambiar y parece que en esta edición se va a trabajar en esta dirección. Por primera vez la oferta musical va a integrarse en Villarrobledo y la plaza de Ramón y Cajal será el lugar elegido para realizar una serie de conciertos secundarios a los que se puede acceder de forma gratuita fuera de los horarios del festival. Del mismo modo, se aprovechará para promocionar los encantos turísticos de la ciudad como es su casco urbano o su centro de interpretación de la alfarería tinajera, que será mostrada por el área de turismo de la localidad. Desde esa perspectiva Laminitania ofrecerá la posibilidad de realizar rutas guiadas por la localidad en las que aspiramos a estrechar los lazos entre los visitantes y los lugareños.

Y hay otras intenciones, pues las propuestas para fidelizar al visitante pueden ser infinitas. Ofrecer una nueva perspectiva del Viña, entendiéndolo como cultura, o dar a conocer, el significado del que debe ser su propio festival es una labor a realizar. Evitaremos así que el festival se convierta en una tradición monótona, sin alma, que acabe por desconectar de las necesidades de los visitantes. Es, sin duda, un riesgo a evitar pues el Viña se ha hecho demasiado grande como para que se marchite. Al fin y al cabo es una cosa de todos y todos debemos contribuir a mantenerlo, sólo así podrán superarse las dos décadas vividas y que sean cuatro, después seis y quien sabe si así crezca tanto que nos trascienda completamente. Hasta entonces será, como siempre, la excusa perfecta para encontrarnos.

Nos vemos en el Viña.

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